El violinista Konstantin Chakarov, el actor Bruno Bergonzini y la bailaora Nella Madarro son tres de las mil caras que tiene la esclerosis múltiple. Porque esta enfermedad, para la cual aún no hay curación posible, afecta de distinta forma a cada paciente.

 

Música, cine

y danza frente a

la esclerosis múltiple

 

Los tres cuentan en el taller ‘Arte e Innovación: La vida y nada más’, cómo han adaptado su forma de expresarse artísticamente a una enfermedad que limita los movimientos de algunas partes de su cuerpo, pero, por el contrario, descubre otras hasta entonces no aprovechadas.

La esclerosis múltiple ha unido a los artistas Marcel Barrena, Dani Rovira, Bruno Bergonzini, Nella Madarro y Konstantin Chakarov en el segundo Taller de Arte e Innovación 'La vida y nada más', promovido por Roche, para relatar su experiencia con la enfermedad. El músico Chakarov aprendió a tocar el violín con tres dedos, el actor Bergonzini asumió que hay papeles que ya no puede interpretar y la bailaora Madarro desarrolló un estilo propio. Un afán de superación de una enfermedad que afecta a 47.000 personas en España. El director de cine Marcel Barrera lo relata en su último trabajo, 100 metros, que cuenta el caso real de un afectado por esta patología que superó un triatlón, Ramón Arroyo, al que da vida Dani Rovira. En esta jornada, la neuróloga del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y doctora del ironman, María Luisa Martínez Ginés, explicó los avances en investigación sobre esta dolencia. La periodista Helena Resano fue la encargada de dirigir un taller marcado por el sentido del humor de sus participantes.

 

Nella Madarro

Bailarina, profesora y coreógrafa, Madrid

"Mi creatividad me ayuda emocional y anímicamente"

Giros, marcajes, equilibrios, zapateo, brazos… el flamenco marcaba los movimientos de Nella Madarro desde niña y como un jarro de agua fría hace tres años, durante la representación de la obra la Señorita Julia, le dijeron que nunca iba a poder bailar, que tenía que cambiar de vida. Y cambió, pero su forma de bailar. Descubrió otra manera de sentir, de expresarse, con un ritmo más lento, más orgánico, moviendo partes de su cuerpo que nunca imaginó. La esclerosis múltiple le ha servido de fuente de inspiración para coreografiar en favor de esta causa y recaudar fondos para ayudar a gente que está peor. Precisamente su válvula de escape es su creatividad, sino es bailando, tejiendo mantones de ganchillo o cantando. El arte ahuyenta el miedo.

Nella Madarro inició sus estudios de danza en Murcia y los culminó en el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid. Ha trabajado con diferentes compañías y ha hecho coreografías para varios bailarines. Se lamenta que después de tanta experiencia acumulada hoy tenga que demostrar que vale.

Bruno Bergonzini

Actor, Barcelona, 1978

Lo que al actor Bruno Bergonzini le gustaría hacer es una película de acción mutante: enfermos contra sanos. Con este buen humor, el intérprete asume una enfermedad con la que convive hace ya 13 años. Todo ocurrió con un golpe en la cabeza. A partir de ahí se despertó la esclerosis múltiple. “Me dijeron que en cinco años me iba a quedar en silla de ruedas. Y aquí estoy”, con su bastón, sí, para no perder el equilibrio, y con daños visuales, que no siempre oculta tras sus oscuras gafas. Son secuelas que asume con terapia de risa. “Una vez que tienes la circunstancia, vives con ella. No te sale a cuenta quejarte todo el día. Yo me río”. Su último trabajo en 100 metros, de Marcel Barrena, hace precisamente de esclerótico positivo, “pero no me interpreto a mí mismo.

El hecho de dar la cara, y de ‘salir del armario’, contando que tenía la enfermedad, me costó mucho. Pero toda herida, si la tapas, se pudre, por lo que más vale que la airees. Soy optimista porque la otra opción cuál es”. Hoy, la dolencia le deja fuera de algunos papeles que requieren esfuerzo físico, pero eso no le amedrenta y sigue luchando por hacer lo que más le gusta: actuar.

Fue allá por los 90 cuando se subió a un escenario, desde entonces no ha parado de interpretar personajes. En su filmografía hay largometrajes como El mar, de Agustín Villaronga, o Soldados de Salamina, de David Trueba; series como Al salir de clase o Poblenou.

"Afrontar la vida con desequilibrio es algo que o te lo tomas a risa o vas a llorar mucho"

Konstantin Chakarov

Violinista, Bulgaría, 1969

"La música me sirvió de terapia, me da tranquilidad. Ahora la manera en la que percibo la música es diferente"

Estaba de gira con el cantante Raphael cuando la mano de Konstantin Chakarov dejó de responder. Se le paralizó el dedo meñique y tuvo que tocar con tres dedos en lugar de con cuatro y, así, con un brote de la esclerosis múltiple descubrió otra manera de hacer música. Llegó a España procedente de su Bulgaria natal por amor hace 14 años con la losa de la enfermedad encima, pero sin parar de tocar. De vez en cuando pierde el equilibrio y le tiemblan las piernas. Con el yoga es más fácil superar cada desafío. Durante una temporada iba y venía de Madrid a Ibiza, de Ibiza a Madrid a tocar en discotecas junto a famosos Dj. Después volvió al teatro, al Sueño de una noche de verano de Shakespeare con música de Antonio Carmona. Allí conoció al director musical de Raphael. Cien conciertos, uno cada tres días, y tocando sólo con tres dedos. En el Festival Internacional de Oviedo ganó el premio a la Mejor Música en la película El Violín de Piedra, del director Emilio Ruíz Barrachina, donde incluso interpretó un papel. Y entre actuación y actuación da clases particulares.

Se pueden encontrar por internet sus anuncios, porque la esclerosis múltiple no le va a apartar de algo que empezó con seis años, podrá modificar su forma de tocarlo, pero nunca dejarlo.

 

Marcel Barrena, director de cine

 

Video resumen del evento

 

María Luisa Martínez,  neuróloga del Hospital

Gregorio Marañón

 

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Música, cine

y danza frente a

la esclerosis múltiple

El violinista Konstantin Chakarov, el actor Bruno Bergonzini y la bailaora Nella Madarro son tres de las mil caras que tiene la esclerosis múltiple. Porque esta enfermedad, para la cual aún no hay curación posible, afecta de distinta forma a cada paciente.

Los tres cuentan en el taller ‘Arte e Innovación: La vida y nada más, cómo han adaptado su forma de expresarse artísticamente a una enfermedad que limita los movimientos de algunas partes de su cuerpo, pero, por el contrario, descubre otras hasta entonces no aprovechadas.

La esclerosis múltiple ha unido a los artistas Marcel Barrena, Dani Rovira, Bruno Bergonzini, Nella Madarro y Konstantin Chakarov en el segundo Taller de Arte e Innovación 'La vida y nada más', promovido por Roche, para relatar su experiencia con la enfermedad. El músico Chakarov aprendió a tocar el violín con tres dedos, el actor Bergonzini asumió que hay papeles que ya no puede interpretar y la bailaora Madarro desarrolló un estilo propio. Un afán de superación de una enfermedad que afecta a 47.000 personas en España. El director de cine Marcel Barrera lo relata en su último trabajo, 100 metros, que cuenta el caso real de un afectado por esta patología que superó un triatlón, Ramón Arroyo, al que da vida Dani Rovira. En esta jornada, la neuróloga del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y doctora del ironman, María Luisa Martínez Ginés, explicó los avances en investigación sobre esta dolencia. La periodista Helena Resano fue la encargada de dirigir un taller marcado por el sentido del humor de sus participantes.

 

Nella Madarro

Bailarina, profesora y coreógrafa, Madrid

"Mi creatividad me ayuda emocional y anímicamente"

Giros, marcajes, equilibrios, zapateo, brazos… el flamenco marcaba los movimientos de Nella Madarro desde niña y como un jarro de agua fría hace tres años, durante la representación de la obra la Señorita Julia, le dijeron que nunca iba a poder bailar, que tenía que cambiar de vida. Y cambió, pero su forma de bailar. Descubrió otra manera de sentir, de expresarse, con un ritmo más lento, más orgánico, moviendo partes de su cuerpo que nunca imaginó. La esclerosis múltiple le ha servido de fuente de inspiración para coreografiar en favor de esta causa y recaudar fondos para ayudar a gente que está peor. Precisamente su válvula de escape es su creatividad, sino es bailando, tejiendo mantones de ganchillo o cantando. El arte ahuyenta el miedo.

Nella Madarro inició sus estudios de danza en Murcia y los culminó en el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid. Ha trabajado con diferentes compañías y ha hecho coreografías para varios bailarines. Se lamenta que después de tanta experiencia acumulada hoy tenga que demostrar que vale.

Bruno Bergonzini

Actor, Barcelona, 1978

Lo que al actor Bruno Bergonzini le gustaría hacer es una película de acción mutante: enfermos contra sanos. Con este buen humor, el intérprete asume una enfermedad con la que convive hace ya 13 años. Todo ocurrió con un golpe en la cabeza. A partir de ahí se despertó la esclerosis múltiple. “Me dijeron que en cinco años me iba a quedar en silla de ruedas. Y aquí estoy”, con su bastón, sí, para no perder el equilibrio, y con daños visuales, que no siempre oculta tras sus oscuras gafas. Son secuelas que asume con terapia de risa. “Una vez que tienes la circunstancia, vives con ella. No te sale a cuenta quejarte todo el día. Yo me río”. Su último trabajo en 100 metros, de Marcel Barrena, hace precisamente de esclerótico positivo, “pero no me interpreto a mí mismo.

El hecho de dar la cara, y de ‘salir del armario’, contando que tenía la enfermedad, me costó mucho. Pero toda herida, si la tapas, se pudre, por lo que más vale que la airees. Soy optimista porque la otra opción cuál es”. Hoy, la dolencia le deja fuera de algunos papeles que requieren esfuerzo físico, pero eso no le amedrenta y sigue luchando por hacer lo que más le gusta: actuar.

Fue allá por los 90 cuando se subió a un escenario, desde entonces no ha parado de interpretar personajes. En su filmografía hay largometrajes como El mar, de Agustín Villaronga, o Soldados de Salamina, de David Trueba; series como Al salir de clase o Poblenou.

"Afrontar la vida con desequilibrio es algo que o te lo tomas a risa o vas a llorar mucho"

Konstantin Chakarov

Violinista, Bulgaría, 1969

"La música me sirvió de terapia, me da tranquilidad. Ahora la manera en la que percibo la música es diferente"

Estaba de gira con el cantante Raphael cuando la mano de Konstantin Chakarov dejó de responder. Se le paralizó el dedo meñique y tuvo que tocar con tres dedos en lugar de con cuatro y, así, con un brote de la esclerosis múltiple descubrió otra manera de hacer música. Llegó a España procedente de su Bulgaria natal por amor hace 14 años con la losa de la enfermedad encima, pero sin parar de tocar. De vez en cuando pierde el equilibrio y le tiemblan las piernas. Con el yoga es más fácil superar cada desafío. Durante una temporada iba y venía de Madrid a Ibiza, de Ibiza a Madrid a tocar en discotecas junto a famosos Dj. Después volvió al teatro, al Sueño de una noche de verano de Shakespeare con música de Antonio Carmona. Allí conoció al director musical de Raphael. Cien conciertos, uno cada tres días, y tocando sólo con tres dedos. En el Festival Internacional de Oviedo ganó el premio a la Mejor Música en la película El Violín de Piedra, del director Emilio Ruíz Barrachina, donde incluso interpretó un papel. Y entre actuación y actuación da clases particulares.

Se pueden encontrar por internet sus anuncios, porque la esclerosis múltiple no le va a apartar de algo que empezó con seis años, podrá modificar su forma de tocarlo, pero nunca dejarlo.

 

Marcel Barrena, director de cine

 

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María Luisa Martínez,  neuróloga del Hospital

Gregorio Marañón

 

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El violinista Konstantin Chakarov, el actor Bruno Bergonzini y la bailaora Nella Madarro son tres de las mil caras que tiene la esclerosis múltiple. Porque esta enfermedad, para la cual aún no hay curación posible, afecta de distinta forma a cada paciente.

Los tres cuentan en el taller ‘Arte e Innovación: La vida y nada más, cómo han adaptado su forma de expresarse artísticamente a una enfermedad que limita los movimientos de algunas partes de su cuerpo, pero, por el contrario, descubre otras hasta entonces no aprovechadas.

La esclerosis múltiple ha unido a los artistas Marcel Barrena, Dani Rovira, Bruno Bergonzini, Nella Madarro y Konstantin Chakarov en el segundo Taller de Arte e Innovación 'La vida y nada más', promovido por Roche, para relatar su experiencia con la enfermedad. El músico Chakarov aprendió a tocar el violín con tres dedos, el actor Bergonzini asumió que hay papeles que ya no puede interpretar y la bailaora Madarro desarrolló un estilo propio. Un afán de superación de una enfermedad que afecta a 47.000 personas en España. El director de cine Marcel Barrera lo relata en su último trabajo, 100 metros, que cuenta el caso real de un afectado por esta patología que superó un triatlón, Ramón Arroyo, al que da vida Dani Rovira. En esta jornada, la neuróloga del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y doctora del ironman, María Luisa Martínez Ginés, explicó los avances en investigación sobre esta dolencia. La periodista Helena Resano fue la encargada de dirigir un taller marcado por el sentido del humor de sus participantes.

 

Nella Madarro

Bailarina, profesora y coreógrafa, Madrid

"Mi creatividad me ayuda emocional y anímicamente"

Giros, marcajes, equilibrios, zapateo, brazos… el flamenco marcaba los movimientos de Nella Madarro desde niña y como un jarro de agua fría hace tres años, durante la representación de la obra la Señorita Julia, le dijeron que nunca iba a poder bailar, que tenía que cambiar de vida. Y cambió, pero su forma de bailar. Descubrió otra manera de sentir, de expresarse, con un ritmo más lento, más orgánico, moviendo partes de su cuerpo que nunca imaginó. La esclerosis múltiple le ha servido de fuente de inspiración para coreografiar en favor de esta causa y recaudar fondos para ayudar a gente que está peor. Precisamente su válvula de escape es su creatividad, sino es bailando, tejiendo mantones de ganchillo o cantando. El arte ahuyenta el miedo.

Nella Madarro inició sus estudios de danza en Murcia y los culminó en el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid. Ha trabajado con diferentes compañías y ha hecho coreografías para varios bailarines. Se lamenta que después de tanta experiencia acumulada hoy tenga que demostrar que vale.

Bruno Bergonzini

Actor, Barcelona, 1978

Lo que al actor Bruno Bergonzini le gustaría hacer es una película de acción mutante: enfermos contra sanos. Con este buen humor, el intérprete asume una enfermedad con la que convive hace ya 13 años. Todo ocurrió con un golpe en la cabeza. A partir de ahí se despertó la esclerosis múltiple. “Me dijeron que en cinco años me iba a quedar en silla de ruedas. Y aquí estoy”, con su bastón, sí, para no perder el equilibrio, y con daños visuales, que no siempre oculta tras sus oscuras gafas. Son secuelas que asume con terapia de risa. “Una vez que tienes la circunstancia, vives con ella. No te sale a cuenta quejarte todo el día. Yo me río”. Su último trabajo en 100 metros, de Marcel Barrena, hace precisamente de esclerótico positivo, “pero no me interpreto a mí mismo.

El hecho de dar la cara, y de ‘salir del armario’, contando que tenía la enfermedad, me costó mucho. Pero toda herida, si la tapas, se pudre, por lo que más vale que la airees. Soy optimista porque la otra opción cuál es”. Hoy, la dolencia le deja fuera de algunos papeles que requieren esfuerzo físico, pero eso no le amedrenta y sigue luchando por hacer lo que más le gusta: actuar.

Fue allá por los 90 cuando se subió a un escenario, desde entonces no ha parado de interpretar personajes. En su filmografía hay largometrajes como El mar, de Agustín Villaronga, o Soldados de Salamina, de David Trueba; series como Al salir de clase o Poblenou.

"Afrontar la vida con desequilibrio es algo que o te lo tomas a risa o vas a llorar mucho"

Konstantin Chakarov

Violinista, Bulgaría, 1969

"La música me sirvió de terapia, me da tranquilidad. Ahora la manera en la que percibo la música es diferente"

Estaba de gira con el cantante Raphael cuando la mano de Konstantin Chakarov dejó de responder. Se le paralizó el dedo meñique y tuvo que tocar con tres dedos en lugar de con cuatro y, así, con un brote de la esclerosis múltiple descubrió otra manera de hacer música. Llegó a España procedente de su Bulgaria natal por amor hace 14 años con la losa de la enfermedad encima, pero sin parar de tocar. De vez en cuando pierde el equilibrio y le tiemblan las piernas. Con el yoga es más fácil superar cada desafío. Durante una temporada iba y venía de Madrid a Ibiza, de Ibiza a Madrid a tocar en discotecas junto a famosos Dj. Después volvió al teatro, al Sueño de una noche de verano de Shakespeare con música de Antonio Carmona. Allí conoció al director musical de Raphael. Cien conciertos, uno cada tres días, y tocando sólo con tres dedos. En el Festival Internacional de Oviedo ganó el premio a la Mejor Música en la película El Violín de Piedra, del director Emilio Ruíz Barrachina, donde incluso interpretó un papel. Y entre actuación y actuación da clases particulares.

Se pueden encontrar por internet sus anuncios, porque la esclerosis múltiple no le va a apartar de algo que empezó con seis años, podrá modificar su forma de tocarlo, pero nunca dejarlo.

 

Marcel Barrena, director de cine

 

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María Luisa Martínez,  neuróloga del Hospital

Gregorio Marañón

 

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Bailarina, profesora y coreógrafa, Madrid

Bruno Bergonzini

Actor, Barcelona, 1978

Konstantin Chakarov

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Música, cine

y danza frente a

la esclerosis múltiple

El violinista Konstantin Chakarov, el actor Bruno Bergonzini y la bailaora Nella Madarro son tres de las mil caras que tiene la esclerosis múltiple. Porque esta enfermedad, para la cual aún no hay curación posible, afecta de distinta forma a cada paciente.

Los tres cuentan en el taller ‘Arte e Innovación: La vida y nada más, cómo han adaptado su forma de expresarse artísticamente a una enfermedad que limita los movimientos de algunas partes de su cuerpo, pero, por el contrario, descubre otras hasta entonces no aprovechadas.

La esclerosis múltiple ha unido a los artistas Marcel Barrena, Dani Rovira, Bruno Bergonzini, Nella Madarro y Konstantin Chakarov en el segundo Taller de Arte e Innovación 'La vida y nada más', promovido por Roche, para relatar su experiencia con la enfermedad. El músico Chakarov aprendió a tocar el violín con tres dedos, el actor Bergonzini asumió que hay papeles que ya no puede interpretar y la bailaora Madarro desarrolló un estilo propio. Un afán de superación de una enfermedad que afecta a 47.000 personas en España. El director de cine Marcel Barrera lo relata en su último trabajo, 100 metros, que cuenta el caso real de un afectado por esta patología que superó un triatlón, Ramón Arroyo, al que da vida Dani Rovira. En esta jornada, la neuróloga del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y doctora del ironman, María Luisa Martínez Ginés, explicó los avances en investigación sobre esta dolencia. La periodista Helena Resano fue la encargada de dirigir un taller marcado por el sentido del humor de sus participantes.

 

Nella Madarro

Bailarina, profesora y coreógrafa, Madrid

"Mi creatividad me ayuda emocional y anímicamente"

Giros, marcajes, equilibrios, zapateo, brazos… el flamenco marcaba los movimientos de Nella Madarro desde niña y como un jarro de agua fría hace tres años, durante la representación de la obra la Señorita Julia, le dijeron que nunca iba a poder bailar, que tenía que cambiar de vida. Y cambió, pero su forma de bailar. Descubrió otra manera de sentir, de expresarse, con un ritmo más lento, más orgánico, moviendo partes de su cuerpo que nunca imaginó. La esclerosis múltiple le ha servido de fuente de inspiración para coreografiar en favor de esta causa y recaudar fondos para ayudar a gente que está peor. Precisamente su válvula de escape es su creatividad, sino es bailando, tejiendo mantones de ganchillo o cantando. El arte ahuyenta el miedo.

Nella Madarro inició sus estudios de danza en Murcia y los culminó en el Real Conservatorio Profesional de Danza de Madrid. Ha trabajado con diferentes compañías y ha hecho coreografías para varios bailarines. Se lamenta que después de tanta experiencia acumulada hoy tenga que demostrar que vale.

Bruno Bergonzini

Actor, Barcelona, 1978

"Afrontar la vida con desequilibrio es algo que o te lo tomas a risa o vas a llorar mucho"

Lo que al actor Bruno Bergonzini le gustaría hacer es una película de acción mutante: enfermos contra sanos. Con este buen humor, el intérprete asume una enfermedad con la que convive hace ya 13 años. Todo ocurrió con un golpe en la cabeza. A partir de ahí se despertó la esclerosis múltiple. “Me dijeron que en cinco años me iba a quedar en silla de ruedas. Y aquí estoy”, con su bastón, sí, para no perder el equilibrio, y con daños visuales, que no siempre oculta tras sus oscuras gafas. Son secuelas que asume con terapia de risa. “Una vez que tienes la circunstancia, vives con ella. No te sale a cuenta quejarte todo el día. Yo me río”. Su último trabajo en 100 metros, de Marcel Barrena, hace precisamente de esclerótico positivo, “pero no me interpreto a mí mismo.

El hecho de dar la cara, y de ‘salir del armario’, contando que tenía la enfermedad, me costó mucho. Pero toda herida, si la tapas, se pudre, por lo que más vale que la airees. Soy optimista porque la otra opción cuál es”. Hoy, la dolencia le deja fuera de algunos papeles que requieren esfuerzo físico, pero eso no le amedrenta y sigue luchando por hacer lo que más le gusta: actuar.

Fue allá por los 90 cuando se subió a un escenario, desde entonces no ha parado de interpretar personajes. En su filmografía hay largometrajes como El mar, de Agustín Villaronga, o Soldados de Salamina, de David Trueba; series como Al salir de clase o Poblenou.

Konstantin Chakarov

Violinista, Bulgaría, 1969

"La música me sirvió de terapia, me da tranquilidad. Ahora la manera en la que percibo la música es diferente"

Estaba de gira con el cantante Raphael cuando la mano de Konstantin Chakarov dejó de responder. Se le paralizó el dedo meñique y tuvo que tocar con tres dedos en lugar de con cuatro y, así, con un brote de la esclerosis múltiple descubrió otra manera de hacer música. Llegó a España procedente de su Bulgaria natal por amor hace 14 años con la losa de la enfermedad encima, pero sin parar de tocar. De vez en cuando pierde el equilibrio y le tiemblan las piernas. Con el yoga es más fácil superar cada desafío. Durante una temporada iba y venía de Madrid a Ibiza, de Ibiza a Madrid a tocar en discotecas junto a famosos Dj. Después volvió al teatro, al Sueño de una noche de verano de Shakespeare con música de Antonio Carmona. Allí conoció al director musical de Raphael. Cien conciertos, uno cada tres días, y tocando sólo con tres dedos. En el Festival Internacional de Oviedo ganó el premio a la Mejor Música en la película El Violín de Piedra, del director Emilio Ruíz Barrachina, donde incluso interpretó un papel. Y entre actuación y actuación da clases particulares.

Se pueden encontrar por internet sus anuncios, porque la esclerosis múltiple no le va a apartar de algo que empezó con seis años, podrá modificar su forma de tocarlo, pero nunca dejarlo.

 

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